martes, 27 de julio de 2010

Pena de Muerte

Este es un cuento que escribí hace ya bastante tiempo para un concurso, obviamente no gané pues estaba haciendo mis primeras armas en las artes literarias, ojalá a alguien por ahí le guste:


"Mi nombre es Luis Humberto Bravo Montecinos, tengo 43 años de edad y lo que les voy a relatar no es la historia más maravillosa que hayan escuchado, sólo es mi historia.
Todo aconteció el 6 de abril de 2007, “disfrutaba” yo de mi libertad condicional (había sido condenado por un delito menor a ésta sentencia) y me dirigía al sector nororiente de Las Cabras, lugar que visitaba reiteradamente (yo soy de La Güañanga). Me dirigía al supermercado y de pronto noté a una joven salir del recinto, me llamó inmediatamente la atención por su radiante y eclipsante hermosura, el color un poco moreno de su cutis, sus oscuros ojos, resguardados por largas y bien ovaladas pestañas; los labios húmedos y rosados y muy principalmente la delicadeza y sensualidad de sus movimientos, de un momento a otro mi plan inicial de ir al supermercado había sido desechado, en mi mente trastornada comenzó a forjarse una nueva idea, un nuevo deseo, y entonces el obsesivo descontrol que me ha caracterizado siempre me recorrió de pies a cabeza y me hizo perder el control de mi mismo… era tarde ya, mis pies perseguían frenéticamente el dulce aroma de su piel.
Recuerdo cuando era un adolescente, tenía unos 15 años y mi madre me decía que si no podía controlar mis impulsos que contara hasta diez, ejercicio que en 43 años nunca me ha dado resultados, o que apretara mis ojos fuertemente y pensara en algo hermoso o algo que me gustara, éste último ejercicio sólo lograba demorar en algunos segundos, al igual que el anterior, lo que ya era inevitable, la ira y el descontrol de éste desdichado ser. Muchas veces en mi casa me dijeron que esto lo iba a superar con el tiempo, que era sólo una etapa de mi accidentada adolescencia, lamentablemente no fue así, los hechos hablan por sí solos, numerosas peleas en el colegio, que provocaron numerosas suspensiones y llamados de atención, delitos de diverso orden que en más de una ocasión me acarrearon problemas con la justicia y lo que es peor, el rechazo de todas las personas alrededor mío. Mi única escapatoria fue siempre escribir, desde pequeño escribí cuentos, poemas y otros, los que de cierta forma me ayudaron a escapar de mi triste realidad, y es por esta razón que he decidido dejar este último escrito, para lo cuál tuve que rogarle al gendarme que me facilitara un lápiz y algunas hojas, la verdad no he sido tratado de la mejor manera y no me lo merezco tampoco, eso es seguro. Ah por cierto olvidé comentarles que en éste momento estoy encarcelado, y es esa la razón por la escribo, los otros detalles los sabrán más adelante.
Estaba entonces siguiendo los pasos de ésta joven, ya con la mente y el cuerpo totalmente fuera de sí (o de mí), y sin pensarlo un momento, al ver que no había transeúntes en un radio considerable, la abordé bruscamente, ella al ver que me abalanzaba trató de esquivarme y correr, pero le tomé el brazo y la jalé bruscamente hasta mi, en cosa de segundos ya la tenía cercada con una de mis manos en su boca y con mis brazos impidiéndole cualquier movimiento, y entonces para controlar totalmente la situación no encontré otra solución más que sacar una cuchilla (de 7 cm. Aprox.) con la que la amenacé de modo que la joven no pudiese intentar nada extraño y siguiese mis ordenes.
Lo primero que hice fue revisar su cartera en la que encontré un teléfono celular y algo de dinero, y luego le ordené caminar en dirección norte hacia las afueras de la ciudad, algo que en principio se negaba a hacer y por ende sólo atiné a someterla a golpes e insultos los que tuvieron su recompensa con la momentánea obediencia de la joven. Cuando ya estuvimos fuera de la ciudad y lejos de cualquier señal de gente, le asesté nuevamente una serie de golpes en el rostro y estómago, los que ella intentaba repeler con aleteos y golpes al aire, pero al ver que no obtenía resultados me comenzó a implorar que por favor la dejara, que ella no había hecho nada merecedor de esto, pero ya era tarde, sentía una extraña sensación en mi cuerpo y mente, algo que no me dejaba detenerme y que me incitó a violarla de forma salvaje y descontrolada, en mi interior se conjugaban una serie de ingredientes que hacían de esta acción algo digno de realizarse, se mezclaba en mi la adrenalina, la pasión, el descontrol y tantos otros estados que se me hace imposible encontrar palabras para describirlo, lamento decir que si me encontrara en la misma situación mi actuar habría sido el mismo, después de todo es mi naturaleza, mientras tanto la joven gritaba de dolor, de tristeza, de rabia, de vergüenza y quizás de cuantas otras cosas que sentía en ese momento, las lagrimas no paraban de emanar de sus alargados y oscuros ojos, y poco a poco su voz comenzaba a desaparecer, su voluntad se esfumaba cada segundo.
Una vez me vi satisfecho sexualmente arreglé mi ropa y mis cosas, la joven estaba en el suelo, mirando al vacío sin ningún tipo de reacción, su rostro ya había perdido la luminosidad característica y por el ya no corrían las lagrimas, ella me miró de repente a los ojos y en su mirar pude notar un odio profundo y desgarrador, me sentí por un momento intimidado, pero luego me dispuse a eliminar las pruebas que pudieran inculparme y, por supuesto, a eliminar a la muchacha.
La obligué a levantarse y la llevé hasta un canal cercano, la joven entonces no opuso resistencia y siguió mis ordenes, mientras caminábamos hacía el lugar indicado pude notar que la joven suponía lo que estaba por suceder, y que ya lo había aceptado, esto obviamente me tranquilizó de cierta forma, ya que significaba que las cosas se darían de forma más sencilla.
Ya en el lugar, ella se giró hacia mi y sólo me dijo “haz esto rápido, en esta última hora he sufrido más de lo que había sufrido en 21 años” entonces ya no había dudas, ella prefería morir a tener que soportar éste trauma por el resto de su vida. Saqué mi cuchilla y le asesté cuatro certeras puñaladas en pecho, abdomen, cuello y cabeza, lo que obviamente me dejó todo ensangrentado y sin ganas de hacer nada más, la sangre emanaba de su cuerpo como la lava emana de un volcán, brillante y caliente, expandiéndose considerablemente a través de la tierra, húmeda y blanda y llegando hasta el borde de mis rodillas donde mi pantalón se encargaba de absorberla.
Me quedé sentado a su lado largo rato, de echo perdí la noción de todo, del tiempo, del espacio, de todo. Sólo esperaba despertar de un momento a otro y darme cuenta de que todo era una pesadilla, una simple pesadilla, pero bien sabía que no era así. Qué arrepentido que estaba, eso pasaba por mi mente en el momento en que aparecieron rodeándome un grupo de carabineros que me tomaron bruscamente y me llevaron a la comisaría local, donde fui retenido varios días hasta mi traslado a Peumo donde fui procesado y se me dictó un fallo que hacía tiempo no veía la historia de éste país, la pena de muerte. La verdad es que la sentencia era justa, no merecía menos que eso, pero si me sorprendió que luego de tanto tiempo se volviera a aplicar una sentencia de este tipo.
Los días en la celda no han sido de los mejores, mala comida, malos tratos de los gendarmes y ninguna visita, pero no importa, después de todo en unas horas más voy a estar muy lejos de aquí. Un sacerdote me visitó ahora que me acuerdo, solo me hizo una breve confesión y me dirigió un par de bendiciones, luego se fue rápidamente, creo que mi sola presencia le producía asco.
Bueno ahora solo me queda esperar pacientemente el momento de mi ejecución, me comunicaron que mi muerte sería en el mismo lugar donde cometí mi crimen, como una forma simbólica de honrar a esa joven víctima. Luego de enterarme de eso lo único que surgió en mi mente fue el momento en que hacía mi aparición en el lugar bajo la lluvia de los más variados insultos que puedan existir y luego las balas de mis verdugos traspasando éste cuerpo maldito que merece perecer."

Fin






 

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